Mensaje a la Vida Consagrada 2012

3 02 2012

En su homilía dirigida a la Vida Consagrada, Benedicto XVI nos recuerda: En el día en el que la Iglesia recuerda la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la Vida Consagrada. En efecto, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la donación de la propia vida por parte de cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús, virgen, pobre y obediente, el Consagrado del Padre. En la fiesta de hoy celebramos el misterio de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, consagración de todos aquellos que se colocan en las filas de Jesús por amor del Reino de Dios.

Según la intuición del Beato Juan Pablo II, que la celebró por primera vez en 1997, la Jornada dedicada a la vida consagrada se propone algunos objetivos particulares. Quiere responder antes que nada a la exigencia de alabar y agradecer al Señor por el don de este estado de vida, que pertenece a la santidad de la Iglesia. A cada persona consagrada hoy está dedicada la oración de la entera Comunidad, que rinde gracias a Dios Padre, dador de cada bien, por el don de esta vocación, y con fe nuevamente lo invoca. Además, en esta ocasión se quiere valorizar siempre más el testimonio de aquellos que han elegido de seguir a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos con el promover la conciencia y la estima de la vida consagrada al interior del Pueblo de Dios. En fin, la Jornada de la Vida Consagrada quiere ser, sobre todo para ustedes, queridos hermanos y hermanas que han abrazado esta condición en la Iglesia, una preciosa ocasión para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que inspiran la donación de ustedes mismos al Señor. Esto queremos hacer hoy, este es el compromiso que ustedes están llamados a realizar cada día de sus vidas.

En ocasión del quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, he convocado -como saben- el Año de la fe, que se abrirá en el próximo mes de octubre. Todos los fieles, pero en modo particular los miembros de los Institutos de vida consagrada, han acogido como un don esta iniciativa, y auspicio que vivirán el Año de la fe como tiempo favorable para la renovación interior, de la que siempre se advierte la necesidad, con una profundización de los valores esenciales y de las exigencia de la propia consagración. En el Año de la fe ustedes, que han recibido la llamada a seguir a Cristo más de cerca mediante la profesión de los consejos evangélicos, están invitados a profundizar todavía más la relación con Dios. Los consejos evangélicos, aceptados como auténtica regla de vida, refuerzan la fe, la esperanza y la caridad, que unen con Dios. Esta profunda cercanía al Señor, que debe ser el elemento prioritario y característico de su existencia, los llevará a una renovada adhesión a Él y tendrá un influjo positivo sobre su particular presencia y forma de apostolado dentro del Pueblo de Dios, mediante la aportación de sus carismas, en la fidelidad al Magisterio, con la finalidad de ser testigos de la fe y de la gracia, testigos creíbles para la Iglesia y para el mundo de hoy. Leer la homilía completa de Benedicto XVI.

Elías Royón, presidente de CONFER (Conferencia Española de Religios@s), ahonda en la cuestión vocacional y la nueva evangelización:

El lema escogido en España para celebrar esta Jornada “Ven y sígueme. La Vida Consagrada y la Nueva Evangelización”, subraya dos importantes desafíos a la Iglesia de hoy, y, en ella, a la vida religiosa: las vocaciones y la Nueva Evangelización. Nuestra reciente Asamblea General ha intentado afrontar con honestidad la crisis vocacional en las Congregaciones Religiosas. Conscientes de que el futuro de la vida consagrada no se juega en el número, sino en la radicalidad de nuestro seguimiento a Jesús, en el gozo y la generosidad con que nuestras vidas testimonian y anuncian a Jesucristo, sin embargo, es legítima y responsable la preocupación por la disminución de las vocaciones. A la vez, no podemos olvidar que cada vocación es, ante todo, una llamada del Señor, un don suyo, gratuito, al que responde en libertad aquel o aquella que se siente así convocado. Una gracia que es preciso pedir con confianza al Señor de la mies, que nos urge a que se la pidamos. Pero un don que está condicionado también a los esfuerzos de la comunidad cristiana y por tanto, de cada una de nuestras Congregaciones por suscitarlo, descubrirlo, y acompañarlo. Todos somos responsables de crear una cultura vocacional en nuestras comunidades y en nuestras instituciones apostólicas.[…]

Efectivamente, la cultura vocacional y la nueva evangelización en la vida consagrada tienen su clave en el testimonio profético de la vida de los religiosos y religiosas. La vida consagrada está llamada a ser ese testimonio profético, vinculado a la manifestación de la primacía de Dios en sus vidas, a la pasión por Jesucristo y al anuncio de su evangelio a los pobres y los últimos de la tierra. “La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con El, de la escucha atenta de su Palabra en las diversas circunstancias de la historia” (VC 84), en definitiva, de acoger generosamente la llamada a “estar con El”, en que se sintetiza la auténtica experiencia “mística”.

En este testimonio de vida profética se puede encontrar lo fundamental de donde emane la aportación de la Vida Religiosa a la Nueva Evangelización. Desde la radicalización del seguimiento concretada en los votos, “exégesis viva de la Palabra de Dios”, asoma ya un modo propio y peculiar de evangelizar de la Vida Religiosa, independiente de las tareas en que se traduzca. Los votos colorean la misión dándole una hondura particular. No podemos estar ausentes, ni en los márgenes de este desafío eclesial del siglo XXI, sino en primera línea, con sentido de comunión eclesial. Con ello no haremos sino continuar la historia de nuestras Congregaciones que están estrechamente ligadas a la historia de la evangelización, como reconoce los Lineamenta: “los grandes movimientos de evangelización surgidos en dos mil años de cristianismo, están vinculados a formas de radicalismo evangélico” (n.8). Estas formas radicales de seguir a Jesucristo son las que encarnan los Institutos Religiosos.

Quisiera terminar este saludo en la Jornada de la Vida Consagrada con una fraterna invitación a la esperanza. Una esperanza confiada en el Señor de quién proviene todo bien. Una esperanza realista desde la que mirar al futuro que estimula y anima a seguir invitando a los jóvenes a que “vengan y vean” nuestro testimonio profético de vida y nuestro compromiso con la Nueva Evangelización.

Leer el mensaje completo de Elías Royón.

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