La experiencia de la Pasión 2009

12 04 2009

Ha sido una Semana Santa intensa, el día del super-amor (Jueves Santo), el del grano que muere para dar vida (Viernes Santo), el de la esperanza (Sábado Santo) y el día del triunfo definitivo del Amor, el alfa y omega (Domingo de Resurrección). Cuatro días de Pasión acompañando a Jesús y cuatro días de dejarnos acompañar por Él, en un ambiente sencillo, p4100051acogedor, de interiorizar la entrega, el sufrimiento, la muerte y la plenitud de la vida de Jesús, cuatro días de experienciar eso mismo en nuestras propias vidas, nuestro ser, nuestro ambiente, nuestra sociedad. Retirarse para volver a la vida diaria con más fuerza y con su compañía alentadora.

Éste era el aspecto de la iglesia anoche, en la Vigilia Pascual: flores para acoger a Jesús, embellecer su triunfo, el cuadro que representa el Reino de Dios en marcha y las tablas que representaban los pasos que Jesús ha caminado en nuestra compañía: la S de servicio, con Dios lavándole los pies al mundo y haciéndole cosquillas porque Jesús no ha venido a ser servido, sino a servir; la V de Vida donde Jesús en la cruz derrama su sangre que forma semilla, porque un grano muere para dar vida; y una Z con la letra final del alfabeto, representando el Alfa y Omega que es Cristo para el mundo, porque Alfa y Omega, principio y fin, todos los caminos conducen a Ti.

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A

 

 

 

 

continuación, puedes leer el Vía crucis que leímos el Viernes en la parroquia, acompañando a los crucificados de la Historia y de nuestro mundo.

Ver el Vía crucis.

Monición de entrada

 

Cada uno de nosotros ha de irse preguntando y respondiendo mientras va recorriendo el vía crucis de todos los días: Yo, ¿qué pinto en este vía crucis? ¿Quién soy yo, el protagonista o un mero espectador? ¿Soy yo el que lleva la cruz, el cireneo o la verónica? ¿Dónde estoy, con las víctimas o los verdugos? ¿Estoy dentro o fuera, lejos o cerca? ¿O estoy en Babia?

 

Encontrarse con el vía crucis hoy es fácil, basta abrir los ojos y dejar que la realidad dura que nos rodea hiera nuestra sensibilidad para intentar transformarla juntos.

 

Primera estación: Jesús condenado a muerte

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

¡Son tantos los condenados a muerte cada día! Condenados a muerte, a la silla eléctrica, a morir de hambre o en el Estrecho… Al hambre, a la basura, a vivir en las afueras porque molestan… se unen las epidemias. Lenta agonía la que les toca sufrir. Desde que uno se ve condenado a muerte hasta que llega la ejecución de la sentencia.

 

Condenados a muerte: criaturas, niños condenados a ganarse el pan de cada día que a nosotros nos sobra, en la calle, robando, prostituyéndose, siendo explotados por canallas. ¿Quién les ha condenado a vender su cuerpo, a arrastrar su cuerpo por las calles?

 

Condenadas al desamparo, al sufrimiento, la humillación, la cárcel o la muerte temprana.

 

Segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Jesús con la cruz a cuestas por las calles de Jerusalén. También hoy hay vía crucis por nuestras calles, con procesiones de dolor, de viernes santo, pero durante todo el año. Procesiones de sufrimiento a tu lado, en tu calle, todos los días. Es el hombre con la cruz a cuestas. La calle dolorosa. Todos los días y todas las noches pasa Jesús y algún hermano nuestro con Él con sus cruces a cuestas.

 

Hay que abrir los ojos para ver al hombre y a la mujer por la vía dolorosa. Hay que abrir los ojos para reconocer a Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario, todos los días, todas las noches.

 

La mujer que es maltratada por su marido alcohólico, la familia, para la que cada día es final de mes, el adolescente agobiado por el peso de la competición de sus estudios, el padre de familia que no ve futuro laboral ninguno…

 


Tercera estación: Jesús cae por primera vez

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

En esta primera caída de Jesús recordamos a los niños que caen víctimas del abandono, del odio, de la injusticia. Recordamos la tortura, los malos tratos, la mendicidad infantil, los abusos a menores, la explotación de los niños, la falta de cariño que sufren muchos niños por parte de sus padres. Nuestro mundo se ceba en los inocentes.

 

Agresiones a los niños, dolor de los niños, enfermedades de los niños. ¡Maldito sea el sufrimiento de los inocentes! ¡Qué duro es contemplar el sufrimiento de los inocentes!

 

Cuarta estación: Jesús se encuentra a su madre

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Que todos los que sufren encuentren en nosotros alguien en quién apoyarse y con quién compartir el dolor y la enfermedad. Sabiendo que no podemos suprimir el dolor del mundo y aceptando que el vía crucis continúa pero que es distinto cuando nos encontramos con alguien en el camino. Jesús encuentra a su madre; seamos nosotros santuarios marianos para los samaritanos que nos encontremos por los caminos de la vida.

 

Quinta estación: el cireneo ayuda a llevar la cruz

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Muchos “Cristos” llevan su cruz en silencio, pero pocos cireneos ayudan a llevar la cruz. Son cireneos para los hermanos sufrientes los voluntarios de Cáritas que se toman en serio el seguimiento del Maestro y viven en radicalidad las bienaventuranzas, son cireneos todos aquellos colectivos de nuestro barrio (Foro por Orcasitas, Orcasitas solidaria, Asociación de Vecinos, Asociación de mujeres, la Calefacción, la Casa de Oficios, el colectivo La Calle) que son capaces de acoger la realidad de nuestros hermanos y transformarla en espacios vivos de dignidad. Son cireneos los jóvenes de Orcasitas que se preocupan de otros jóvenes y niños más necesitados de nuestros ambientes. Es cirenea nuestra comunidad parroquial cuando es capaz de acoger las cruces de quienes no importan en nuestras calles.

 


Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

La Iglesia mira a Verónica enjugando el rostro de Jesús pero ¿hace visible la Iglesia a la Verónica enjugando los rostros de quienes sufren? ¿Enjuga la Iglesia el rostro de la humanidad sufriente, el rostro de los pobres? ¿Reconocen en ellos el rostro de Jesús? ¿Cómo es el rostro del hombre o la mujer maltratada? ¿Sabrías dibujarlo? ¿Cómo es el rostro de los pisoteados, los marginados, los oprimidos?

 

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

El hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Personas que quieren avanzar en la vida de fe, pero que una y otra vez, tropiezan en el mismo pecado. Parece que se esfuerzan y nunca avanzan. Ésa es su cruz y su impotencia. Los padres que son incapaces de sujetar sus nervios con sus hijos, el soltero que quisiera refrenar sus pasiones y al que su potencia le lleva a su impotencia, la hija a la que le cuesta relacionarse con sus padres. Tantas cruces…

 

Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Algunas mujeres, madres de familia de nuestro barrio, son maltratadas por diferentes causas. Madres con hijos en paro, madres con hijos toxicómanos, madres con hijos que fracasan en el colegio. Madres que necesitan salir a trabajar para poder colaborar con la economía familiar, madres con problemas de alcoholismo y ludopatía. Madres criticadas y marginadas por los estamentos administrativos de servicios sociales. Madres desquiciadas, depresivas y enfermas mentales. Ellas son crucificadas en Jesús. Al privarlas de su dignidad como mujer y dar la posibilidad de su desarrollo como ser humano.

 


Novena estación: Jesús cae por tercera vez

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Tercera caída, tercera edad. Cae el anciano, se pone pesado y no lo levantamos; tal como cae, lo aparcamos en el ambulatorio, el hospital, en la residencia, en su casa, para quitárnoslo de encima cuanto antes.

 

Tercera caída, tercera edad. Menos medicamentos para los pensionistas. Les seguiremos dando “pan y circo”, para que se callen. Viajes, excursiones y juegos de mesa… tenerlos entretenidos, aparcados, para que no sean conscientes del abandono familiar y social que sufren. No os dejaron disfrutar antaño. ¿Os dejamos nosotros ahora? ¿Sus vidas ya no interesan a la Seguridad Social o la Sanidad, a la que tantos gastos y colapsos provocan? ¿Cómo se ha aplicado la Ley de Dependencia? ¡Qué insensibilidad e indiferencia! ¡Cuánta insolidaridad y mentira! ¡Qué vía crucis!

 

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

La mujer despojada de su dignidad, la mujer explotada en su desnudez. Se habla mucho de la explotación de la mujer pero a algunos, a los poderosos, les sigue interesando manejarla, desnudarla, prostituirla, convertirla en objeto. Mujer maltratada por los golpes de la vida y por los de su pareja. La moda la viste y la desnuda. Se compra y se vende el desnudo de la mujer. Se usa y se abusa de ella para vender detergentes, coches,… Hay pruebas de este vía crucis en miles de vallas publicitarias, en cientos de revistas, en muchos clubs de mujeres explotadas por la mala vida.

 

Y están las que se agarran a la fama pero también a la explotada en su casa. Están las que en un descampado sufren la violencia de un obseso descerebrado, pero también la violada en casa, y éstas sufren la cruz y el silencio.

 

Undécima estación: Jesús clavado en la cruz

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Mientras en el Calvario suenan los martillazos de los clavos, en nuestro vía crucis de hoy se escuchan las bombas en Afganistán, los misiles en Palestina, los tiros en la nuca disparados por un etarra. Nos clavamos unos a otros en la cruz. Es la guerra… la guerra contra el terrorismo, universalizado por Estados Unidos en todo el mundo. Las guerras violentas de la deuda externa en los países del Sur. La guerra declarada a los hermanos que son diferentes por cualquier causa (homosexuales, inmigrantes, expresos, etc.). Hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como peces, pero todavía no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos. ¡Cuánto nos cuesta aprender la paz! ¡Cuánto afán de crucificarnos unos a otros! Mientras suenan los martillazos de los clavos y de los tiros, déjanos, Jesús, que con la cara llena de vergüenza, te pidamos la paz, al tiempo que te seguimos clavando en la cruz a ti, el Pacífico.

 

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

La muerte. El misterio de la muerte. ¿Por qué? “Dios nuestro, ¿por qué nos has abandonado?” ¿Por qué, Jesús, tu condena a muerte, tú que eres inocente, tú que eres bueno? ¿Por qué la muerte prematura de tanta gente buena? La muerte en el hospital, en el piso o en la carretera. A los seis, a los treinta o a los cuarenta años. De cáncer o de infarto. ¿Por qué quedaron solos esos niños sin padre o madre? La muerte, ese misterio.

 

El hospital, la calle o la carretera son, en nuestro mundo de hoy, anchas vías dolorosas que conducen a la muerte a miles de personas. Jóvenes desangrándose en el asfalto o en el bordillo de la acera. ¡Qué terrible es la muerte! “Y lanzando un fuerte grito espiró”. Déjanos mirarte, ver tu rostro y contemplarte en la cruz. Déjanos asomarnos al misterio de la muerte, de tu muerte.

 

Décimo tercera estación: Jesús es bajado de la cruz

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Ha muerto Jesús y lo bajan de la cruz. María acoge en su regazo el cadáver de Jesús. ¿Somos nosotros capaces de acoger en nuestro regazo la rabia y el dolor de los parados? ¿Somos capaces, no solo de no juzgar, sino de acoger a todos los que están fuera de nuestra ley, sean de aquí o de otro país, tal como hizo Jesús con la mujer adúltera? Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna ante el hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado, estresado y deprimido. Que tu Iglesia sea, Señor, un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando, para mostrar el camino de tu salvación.

 

Décimo cuarta estación: Jesús en el sepulcro

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

No nos gustan los finales tristes, que todo termine tan mal. Queremos hacer bien la digestión. Pero los hospitales, los cementerios, los tanatorios, los crematorios, las funerarias, están ahí y no podemos borrarlas de un plumazo. Están ahí, en nuestra vida, en nuestro vía crucis… ¿Está también la esperanza? ¿Es posible vestirse de verde esperanza junto al sepulcro de Jesús, junto a cualquier sepulcro? ¿Algún día serán enjugadas las lágrimas de nuestros ojos? ¿Acaba este camino doloroso en la esperanza de la Resurrección?

 


Décimo quinta estación: Y resucitó al tercer día

 

Te alabamos, Cristo, y te bendecimos

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Ayúdanos, Señor Jesús, al final del vía crucis, en esta última estación, a proclamar nuestra fe. Ayúdanos, frente a la muerte, a apostar por la vida. ¡Que desde el vía crucis de todos los días hagamos un camino distinto, un mundo distinto!

 

En el dolor y desde el dolor, creemos y esperamos. ¿Estamos amenazados de muerte? ¿Estamos amenazados de resurrección?

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