Una caldera, un gesto

8 03 2008

Artículo de la periodista Sara Mendialdea en Madrid Diario:

Una caldera, un gesto

Sara MendialdeaHace algunos años, se estrenó la película “Un lugar llamado Milagro”, dirigida por Robert Redford. En ella, los habitantes de un pequeño pueblo iniciaban una titánica lucha contra los elementos —inmobiliarios, en aquel caso— para poder mantener su identidad. En Madrid hay un barrio que también podría llamarse Milagro: es Orcasitas, surgió del barro hace más de 20 años gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de sus vecinos, los más peleones que ha dado esta tierra en generaciones.

En pleno franquismo, allí se puso el germen de una de las protestas más sonadas de la época: la “guerra del pan”. Tras años y años de esfuerzo y de lucha, consiguieron cambiar sus chabolas por viviendas de ladrillo, que se hicieron como ellos quisieron –incluso construyeron un piso piloto para que sirviera de modelo-. Los nombres de las calles y plazas del barrio son un recuerdo de aquella batalla: plaza de las Promesas, de los mil delegados, de la Memoria Vinculante…

Ahora, los vecinos de este barrio —el de mayor índice de paro y menor renta per cápita de la ciudad, recuerdan— libran una nueva lucha, en este caso por una conquista de hace 20 años que en estos tiempos, tan malos para la lírica, está amenazada. Cuando levantaron sus casas —merced a la inversión del Gobierno regional—, consiguieron un sistema para dotarlas de calefacción: una central térmica situada en una de las plazas, desde la cual una gigantesca caldera proporciona calor a casi 3.000 viviendas de alrededor, a un precio irrisorio: 25 euros al mes. “Calefacción de ricos en pisos de pobres”, explican. Desde esa central térmica, gestionada ahora por los propios vecinos, se genera incluso electricidad que es vendida para refinanciar el sistema. Un ejemplo de sostenibilidad premiado en Europa.

Con el paso de los años, las tuberías que transportan el agua caliente desde la caldera central a las viviendas y que atraviesan las calles, están deterioradas, tienen fugas continuas y han provocado hasta 13 averías sólo este invierno. Los vecinos, que se han encargado durante estos años de reformar su central térmica, modernizarla y mantenerla al día, no pueden sin embargo sufragar la reparación de las tuberías, cifrada en unos 3 millones de euros: “1.300 euros por vecino, algo imposible de afrontar para economías que en muchos casos sobreviven con pensiones de 400 euros al mes”, explican. Por eso piden ayuda a la Administración, la misma que construyó las viviendas en su día y que se las vendió posteriormente. En estos tiempos en que las políticas medioambientales son tan valoradas y ocupan espacios estratégicos en los programas electorales y en las agendas de los políticos, ¿será posible que desde ninguna entidad pública se encuentre la manera de subvencionar un proyecto sostenible, ejemplo además de colaboración vecinal? Los vecinos esperan de la sensibilidad de los administradores ese gesto.

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